

Estados Unidos enfrenta una severa ola de frío polar mientras el presidente Donald Trump implementa una serie de medidas que redefinen el panorama migratorio del país. En su primer día tras regresar a la Casa Blanca, Trump dio luz verde a un plan agresivo para intensificar las deportaciones de inmigrantes indocumentados, cumpliendo una de sus promesas de campaña más controversiales.
El director del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), Tom Homan, aseguró que los agentes ya han iniciado operaciones enfocadas en inmigrantes con antecedentes penales. “No son redadas, sino operaciones bien planificadas con objetivos claros”, explicó Homan a CNN, subrayando que las acciones se desarrollan en todo el territorio estadounidense.
Por su parte, el secretario interino del Departamento de Seguridad Nacional, Benjamine Huffman, emitió dos directivas que endurecen significativamente las políticas migratorias. La primera elimina restricciones en áreas sensibles como escuelas e iglesias, mientras que la segunda restringe el uso de permisos de residencia por motivos humanitarios, retornando a un sistema de análisis caso por caso.
La administración también puso fin a programas de libertad condicional humanitaria establecidos durante el gobierno de Joe Biden, que beneficiaban a migrantes de países como Haití, Cuba, Nicaragua y Venezuela. Las nuevas medidas han generado alarma entre las comunidades migrantes y han reabierto un intenso debate nacional sobre la inmigración y los derechos humanos.
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