

La elección de Carlos Camargo como nuevo magistrado de la Corte Constitucional significó un duro golpe para el Gobierno Petro. Con 62 votos en la plenaria del Senado, el exdefensor del Pueblo superó a María Patricia Balanta, la aspirante respaldada por el oficialismo.
La reacción del presidente no se hizo esperar. Según confirmaron fuentes de Palacio, ordenó la salida de tres ministros: Antonio Sanguino (Trabajo), Julián Molina (TIC) y Diana Marcela Morales (Comercio). Además, se proyectan cambios en varias entidades bajo control de partidos aliados, como el ICA, Finagro, USPEC, Positiva Seguros y el SENA.
En paralelo, Petro publicó un fuerte mensaje en su cuenta de X en el que acusó a Camargo de ser elegido con “métodos corruptos” y lo calificó como “corrupto”, sin aportar pruebas. El mandatario también criticó que no se eligiera a Balanta, asegurando que fue excluida bajo “infundios” de cercanía con él.
La molestia presidencial reconfigura la relación del Gobierno con el Congreso, justo cuando están en debate proyectos clave como la reforma tributaria y la reforma a la salud. En la Corte, en cambio, la llegada de Camargo es vista como un elemento de equilibrio institucional frente a las mayorías que habían favorecido al Gobierno en anteriores votaciones.
Con esta elección, el Ejecutivo pierde influencia en un tribunal que en los últimos meses ya había marcado límites claros: devolvió decretos de conmoción interior, tumbó beneficios tributarios a regalías y exigió mayor concertación en la reforma pensional.
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