

Colombia está atravesando una grave crisis en la recepción de recursos de cooperación internacional, luego de la decisión de la administración de Donald Trump de congelar los giros de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) durante tres meses. La medida busca que la Casa Blanca evalúe qué proyectos financiar a nivel mundial, alineándose con sus propios objetivos.
Anualmente, Colombia recibe alrededor de 1.880 millones de dólares de Usaid para financiar proyectos en áreas clave como seguridad alimentaria, salud, educación, género, derechos humanos y cambio climático. Este importante flujo de recursos se encuentra paralizado hasta que la administración estadounidense defina los países y sectores a los que seguirá apoyando.
Este impacto es aún más crítico para Colombia, ya que Estados Unidos es su principal socio bilateral en términos de cooperación, superando incluso a organismos como la Unión Europea, el Banco Mundial y el BID. La congelación de los fondos afecta directamente a organizaciones sociales y ONG que dependen de estos recursos para llevar a cabo programas en zonas de conflicto o marginadas del país.
Aunque el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ha permitido que se mantengan los giros destinados a atención humanitaria, otros programas cruciales como los de apoyo a la comunidad LGTBI podrían verse cancelados, dada la política interna que solo reconoce los géneros masculino y femenino.
La incertidumbre sobre el futuro de esta cooperación afecta gravemente a cientos de organizaciones que, al no contar con los fondos necesarios, se ven incapaces de continuar sus labores en zonas vulnerables como el Bajo Cauca y la región pacífica de Colombia.
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