

Un anuncio institucional que buscaba marcar un nuevo capítulo para la salud pública en Bogotá terminó en controversia. En medio de un evento conjunto entre el Gobierno Nacional y la Alcaldía de Bogotá para presentar un Convenio de Cooperación destinado a reactivar el Hospital San Juan de Dios, el presidente Gustavo Petro pronunció un discurso que derivó en críticas por el tono y el contenido de sus declaraciones.
Durante su intervención, el mandatario incluyó frases sobre sexualidad y vida íntima, habló de médicos y enfermeras “haciendo el amor” en el lugar, lanzó comentarios sobre preferencias femeninas, y aseguró que lo que hace en la cama “no debería interesarle a ningún periodista”. Además, realizó referencias religiosas al mencionar que Jesús “hizo el amor” y sugirió que pudo ser con María Magdalena.
Las declaraciones generaron reacciones de inmediato en redes sociales y reactivaron el debate sobre el lenguaje del presidente en escenarios oficiales. Mientras parte del público reaccionó con risas, el ambiente entre funcionarios del Distrito fue notablemente distinto: el alcalde Carlos Fernando Galán y el secretario de Salud Gerson Bermont permanecieron serios durante la intervención.
Posteriormente, Bermont criticó el momento en entrevista con Caracol Radio, calificándolo como “desesperante” y advirtiendo que el anuncio terminó desplazado por la polémica mediática.
“Fue muy frustrante que durante dos años, trabajando en un tema de la mayor relevancia para el país y para la ciudad, terminamos en todas partes menos en el foco que es el San Juan de Dios”, afirmó el funcionario.
Además, Bermont cuestionó afirmaciones del presidente sobre la pandemia del covid-19 y señaló que en el discurso hubo expresiones que, según él, resultaron ofensivas para médicos, periodistas y mujeres.
Tras el evento, el secretario publicó un mensaje en X en el que aseguró que firmó el convenio “por respeto a los bogotanos y colombianos”, insistiendo en la necesidad de alcanzar acuerdos “por encima de los insultos, mentiras y cualquier falta de tino”.
La controversia vuelve a poner en el centro el debate sobre el impacto político e institucional de los discursos presidenciales, especialmente en eventos enfocados en asuntos sensibles como la salud pública y la recuperación de patrimonio hospitalario.
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