

Los 133 cardenales con derecho a voto ya se encuentran en Roma para iniciar el cónclave que elegirá al sucesor del papa Francisco, fallecido recientemente. Tras concluir los nueve días de luto en su memoria —con celebraciones litúrgicas realizadas en la Basílica de Santa María la Mayor, donde yace el cuerpo del primer pontífice latinoamericano—, la Iglesia se alista para una de sus decisiones más trascendentales.
El cónclave comenzará este miércoles en la Capilla Sixtina, bajo estrictas normas de aislamiento y confidencialidad. Los “príncipes de la Iglesia” permanecerán encerrados hasta lograr la mayoría calificada de dos tercios necesaria para elegir al nuevo líder espiritual de los 1.400 millones de católicos en el mundo.
A diferencia del cónclave que llevó a Francisco al trono de Pedro en 2013, esta vez no hay favoritos claros. Expertos coinciden en que el próximo papa no será un revolucionario, sino más bien un perfil de continuidad o equilibrio, tras más de una década marcada por las reformas, la apertura a las periferias y tensiones internas.
Mientras tanto, los preparativos avanzan en el Vaticano. El lunes fueron colocadas las cortinas de terciopelo rojo en el balcón de la Basílica de San Pedro, desde donde se anunciará al nuevo papa con el tradicional “Habemus papam” tras la fumata blanca.
En la Plaza San Pedro, peregrinos y turistas expresaron sus deseos. “Que sea como Francisco, cercano a los pobres”, dijo María de los Ángeles Pérez, turista mexicana. “Más apertura, menos influencia de los políticos conservadores”, opinó el alemán Aurelius Lie. En tanto, el sacerdote canadiense Justin Pulikunnel pidió que el nuevo pontífice sea “una fuente de unidad” tras años de incertidumbre.
La atención del mundo entero se concentrará en la pequeña chimenea del Vaticano. Humo negro, no hay papa. Humo blanco, comienza una nueva era para la Iglesia.
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