

Su grupo creció 16% en siete meses y hoy opera en algunos de los territorios más estratégicos del país.
Alexander Díaz Mendoza, quien ingresó a las Farc con tan solo 16 años, es hoy uno de los nombres más mencionados en el debate nacional. Conocido como ‘Calarcá’, su trayectoria dentro de las disidencias y su capacidad para construir redes de poder dentro y fuera de la ilegalidad lo han convertido en figura clave en medio de la crisis de seguridad y las tensiones entre el Gobierno y sectores institucionales.
Su organización —el Estado Mayor de Bloques y Frente (EMBF)— se consolida como una de las disidencias con mayor crecimiento, influencia y capacidad operativa del país.
De acuerdo con la Fundación Ideas para la Paz (FIP), citando informes internos de la Fuerza Pública, el panorama criminal muestra una expansión preocupante. Entre diciembre de 2024 y julio de 2025, los Grupos Armados Organizados aumentaron su pie de fuerza en un 15%. El EMBF creció aún más: 16%, incorporando 387 nuevos integrantes y alcanzando 2.802 combatientes.
Su consolidación se hace visible en territorios como el Catatumbo, el Bajo Cauca antioqueño, sur de Bolívar, Putumayo, Caquetá, Meta, Guaviare, Huila, Amazonas, Tolima y Cauca, regiones estratégicas por su geografía, sus economías ilícitas y su control social.
El EMBF ha sido señalado como presunto responsable de algunos de los hechos violentos más graves de los últimos años:
Estos hechos revelan una estructura con planeación, recursos y presencia territorial suficiente para ejecutar operaciones de gran impacto.
Según la FIP, tres factores explican el avance del EMBF:
El EMBF mantiene un tablero cambiante: confronta al ELN en el Catatumbo, pacta alianzas tácticas con frentes de esa misma guerrilla en Antioquia y Bolívar para frenar al Clan del Golfo, y sostiene una guerra silenciosa con el Estado Mayor Central en el sur del país.
La crisis política actual, marcada por denuncias sobre posibles nexos entre miembros del Estado y esta estructura criminal, no ha frenado su avance. Por el contrario, su crecimiento militar y territorial continúa.
Todo apunta a que el EMBF seguirá disputando zonas claves para el narcotráfico, la minería ilegal y los corredores fronterizos, mientras consolida su control social en regiones donde la presencia estatal sigue siendo débil.
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