

El USS Gerald R. Ford, el portaviones más grande del planeta y joya tecnológica de la Marina de Estados Unidos, se incorporó oficialmente este martes a las operaciones del Comando Sur contra el tráfico de drogas en Latinoamérica y el Caribe, una acción que Venezuela interpreta como una estrategia de presión política.
El Pentágono informó que el portaviones “reforzará la capacidad de Estados Unidos para detectar, vigilar y desarticular a los actores y actividades ilícitas que amenazan la seguridad y prosperidad del hemisferio occidental”.
De acuerdo con USNI News, el USS Gerald R. Ford zarpó del Mar Mediterráneo el 24 de octubre y cruzó el Estrecho de Gibraltar el 4 de noviembre, ingresando a la zona de responsabilidad del Comando Sur.
El buque insignia está acompañado por los destructores de misiles guiados USS Bainbridge (DDG-96), USS Mahan (DDG-72) y USS Winston Churchill (DDG-81). El Bainbridge fue avistado este martes frente a la costa de Puerto Rico, coincidiendo con la conmemoración del Día de los Veteranos en Estados Unidos.
Desde septiembre, el gobierno de Donald Trump ha intensificado los operativos marítimos en el Caribe y el Pacífico, con una veintena de ataques en los que, según la Casa Blanca, han muerto 76 presuntos narcotraficantes.
No obstante, Washington aún no ha presentado pruebas de que las embarcaciones neutralizadas se dedicaran efectivamente al narcotráfico o representaran una amenaza directa para el país.
En Caracas, las autoridades calificaron el despliegue del portaviones como un acto de intimidación y presión geopolítica. El gobierno de Nicolás Maduro sostiene que el movimiento naval busca “crear un escenario de tensión militar” y “forzar un cambio político en Venezuela”.
El USS Gerald R. Ford, de más de 330 metros de eslora y con capacidad para transportar 75 aeronaves y 4.500 tripulantes, representa el mayor despliegue militar de EE. UU. en la región desde 2020.
Para el Comando Sur, el operativo forma parte de la estrategia regional para combatir el crimen transnacional y el tráfico de drogas, en colaboración con gobiernos aliados de América Latina.
Expertos en defensa señalan que la presencia del Ford también envía un mensaje de poder disuasivo a países considerados adversarios de Washington, como Venezuela, Cuba y Nicaragua, y a actores externos con creciente influencia en la zona, como China y Rusia.
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